28 Sep Ecosistema en riesgo: cómo la pérdida del régimen hídrico abrió la puerta a la Hydrilla verticillata
La Ciénaga Grande de Santa Marta (CGSM) es uno de los ecosistemas costeros más productivos del mundo y el más grande humedal costero del país. El 24 de septiembre tuve la oportunidad de visitar los dos pueblos palafitos mayores de la CGSM, Buenavista y El Morro (Nueva Venecia), acompañado por representantes de las comunidades locales y Jhon Cantillo, líder ambiental y enlace local de la ONG TRAS LA PERLA. En estos corregimientos, Eichhornia crassipes (conocida popularmente como buchón, batata o tarulla) es una planta acuática frecuente. Aunque molesta, suele ser relativamente sencilla de controlar, pues suele flotar y no arraigar.
Desde finales de 2024 se ha observado una nueva planta acuática que, al parecer, llegó a través del canal Aguas Negras desde el río Magdalena empezó a abundar desde enero de este año: Hydrilla verticillata (rabo de caballo, tornillo de agua o lama, según la comunidad local). Esta especie sumergida con raíces se ha expandido con rapidez. Según estimaciones de la autoridad ambiental del Magdalena, CORPAMAG, en mayo ya ocupaba unas 700 hectáreas. Hoy, es probable que al menos la mitad de la Ciénaga de Pajaral esté colonizada, ocupando un área quizás entre ocho y diez veces más que hace apenas cuatro meses. Desde lejos el agua de la Ciénaga refleja un tono verdoso, pero al navegar se aprecia la densa malla vegetal que cubre el fondo. En Buenavista se ha detectado también, aunque en magnitudes menores hasta ahora.
Es como si la tarulla hubiera estado esperando a su prima...
Comentó Jhon Cantillo, por fin la Eichhornia tiene a alguien con quien juntarse y con quien aferrarse al fondo del complejo.
Mientras nos acercábamos a El Morro, se hizo evidente lo que quería decir: Eichhornia sobre la superficie agarrándose a Hydrilla debajo del agua conforman un cinturón vegetal impenetrable de cientos de metros alrededor del poblado. Sin una embarcación con conocimiento local, habría sido muy difícil dar con la vía de entrada.
Para los habitantes, las consecuencias son ya concretas: la pesca se vuelve casi imposible, navegar es más difícil e incluso peligroso para las hélices de los motores fuera de borda.
Fotos: Fundación Tras la Perla / Horst Salzwedel
¿Cómo llegó esto hasta acá? ¿Y cómo volver a la normalidad?”
Todos coincidieron en lo mismo: el agua se ha vuelto demasiado dulce durante muchos años, debe recuperar un poco de salinidad; es imperativo restablecer los accesos al mar (box culverts) y profundizar la colmatada Boca de la Barra para aumentar el ingreso de aguas saladas y mejorar la circulación de las aguas. Los datos de salinidad en la estación de Aguas Negras confirman lo que la comunidad dice: desde 2020 está por debajo de 10 ups, salinidad máxima tolerable para Eichhornia y Hydrilla (Invemar 2024, Fig. 4.2-2a).

Foto: Horst Salzwedel
Desde la época del Pro-Ciénaga (1992-2001), el gran proyecto germano-colombiano de Rehabilitación de la Ciénaga Grande, se ha sabido que la clave de este ecosistema salobre es su régimen hídrico equilibrado. No hacen falta más estudios (véase Sí-CGSM) ni mesas de trabajo: basta con que el Ministerio del Medio Ambiente aplique de una vez por todas el plan de gestión pendiente desde hace más de 20 años; que INVEMAR cumpla con su tarea de monitoreo y dispare alertas oportunas, y que CORPAMAG use los recursos del 8 % de sobretasa ambiental que se cobra a cada vehículo que transita la carretera Ciénaga-Barranquilla, para lo que están destinados, el mantenimiento adecuado y oportuno de las obras hidráulicas.
Agradecimientos: Muchas gracias a la ONG Tras la Perla por facilitar el transporte en esta visita. Para más información sobre sus proyectos, véase: Habitat Cumbiana – Tras la Perla.
